Un guión a medio hacer

Un guión a medio hacer

Cuatro personajes clave del Festival Internacional de Cine del Sahara, FISAHARA, 2013.

Se ha apagado el proyector. Se ha interrumpido la película. Pero los protagonistas siguen vacilando entre las sombras. La única luz, las estrellas. El guión continúa repleto de páginas en blanco. Los guionistas, qué cabrones los guionistas… En un desierto vacío, seco y olvidado, los protagonistas pretenden continuar su historia. Que alguien escriba una comedia, con final feliz. Que alguien escriba una tragedia. Este largo largometraje se hace tedioso, tiene que llegar ya el punto de giro, el anticlímax, el clímax. No pasa nada. El público bosteza, se levanta de sus asientos y se va a ver el fútbol. Y los guionistas, qué cabrones los guionistas, no escriben nada. Sienten miedo ante la página en blanco y no se atreven a desarrollar un final que no agrade a la industria, a los jefes. Qué cabrones los jefes.

Este festival de cine lleva una década acercando a la población refugiada saharaui el séptimo arte.

El cine llegó al desierto, a la Hammada argelina, hace diez años. El FiSahara (Festival Internacional de Cine del Sáhara) lleva una década acercando a la población refugiada saharaui el séptimo arte, enseñando a los profesionales del cine lo que ocurre en el Sáhara, difundiendo la causa saharaui entre periodistas y público y creando la escuela de cine Abidin Kaid Saleh, donde se forman jóvenes saharauis en las distintas disciplinas del cine. Recién finalizada la décima edición del FiSahara, hay que rodar la siguiente secuencia. Como los equipos de guionistas de Hollywood están demasiado ocupados, pues se rumorea que se va a rodar en breve una superproducción sobre la conquista de un centro comercial por parte de hordas de zombis, les dejo hecho, para agilizar los trámites, un inventario de los que, a mi juicio, han sido cuatro personajes claves de esta edición del Festival.

Azmán

Tiene unos cuarenta años, quizás alguno más. Refugiado saharaui, es el director de las telecomunicaciones del Ministerio de Defensa de la República Árabe Saharaui Democrática. Estudió en Cuba Ingeniería de Telecomunicaciones, o probablemente otra ingeniería, no lo sé, no lo considero relevante. Es un cubaraui, uno de esos miles de saharauis que han estudiado sus carreras universitarias en Cuba, que se han formado, que han conocido otra gente y cultura y que han regresado a los campamentos de población refugiada para sobrevivir gracias a la ayuda internacional, para pasar hambre y participar y colaborar con la causa de su pueblo, la autodeterminación. Probablemente no se lleve ninguna compensación económica por estar casi quince días sin dormir, rodeado de cables y de periodistas que en la sala de prensa ansían enviar sus crónicas a España, para que se publiquen. Pero trabaja como el que más. El objetivo, su libertad.

Una de las proyecciones del Festival/JoséphineDoue

Una de las proyecciones del Festival/JoséphineDoue

Azmán resopla cuando no hay wifi, advierte de que lo más importante es que el trabajo de los periodistas llegue a su destino. Que se publiquen las fotos, que se oigan los reportajes radiofónicos, que el mundo se entere de la barbarie que se está cometiendo contra su pueblo. Mantiene la calma cuando se va la luz, pide agua para los periodistas, fuma sin parar cigarrillos American Legend. Desaparece de vez en cuando, está fuera de la sala de prensa, junto a su coche, sobre una alfombra, tomando té con un amigo. Vuelve cuando más hace falta, sin que nadie le avise, con un manojo de cables robados al desierto. “Hay internet”, informa, y los periodistas le envuelven con un sonoro aplauso. Cuando menos te lo esperas, suelta un chiste, se ríe durante unos segundos, y regresa a su seriedad.

Tiba

Refugiado. Es el joven viejo saharaui. Tendrá unos treinta y pico años, quizás más, pero mientras conduce un Toyota a toda pastilla entre las jaimas de Dajla, buscando al portador de las llaves de la emisora de radio para guardar el aparato que ha hecho posible que se escuche el programa “El séptimo vicio” de Radio 3, en directo, en toda España, emitido desde las dunas del desierto, me confiesa: “seré joven siempre, mi espíritu es joven”. Sin embargo, su mirada, su prudencia, su sabiduría y sus lecturas acumuladas bajo la luz de la luna le otorgan el respeto que se merece un octogenario. Está en todos lados, transporta gente desde sus jaimas a la sala de prensa, de la sala de prensa a la oficina de producción, carga con cajas, monta el escenario, reparte agua embotellada entre el público, nos recoge bobos en el aeropuerto, nos devuelve más humanos al aeropuerto, prepara un té excelente. Cuando faltan cinco minutos para estar en el aire en Radio 3, no hay luz, y se inventa un generador para que toda España pueda escuchar la voz de su pueblo.

Es amante de la paz y de la lectura, pero no dudaría un instante en coger un fusil si tuviera que marchar al frente, a la guerra. Paciente, ha esperado desde que nació a que Naciones Unidas y las potencias occidentales sean valientes y hagan posible el referéndum que les dé la posibilidad de volver a su tierra, el Sáhara Occidental, ocupado desde el 1975 por Marruecos, tras la entrega que realizó España, con el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón a la cabeza, de lo que era una provincia más del estado Español. Tiba es un oasis en el desierto, está casado, tiene descendencia, y seguro que cuando esta crezca serán personas cultas, pobres y dignas. “No hay cosas imposibles, sino hombres incapaces”, repite, de vez en cuando, para jodernos a aquellos que mantenemos la indecencia en nuestros gobiernos.

Abidín Kaid Saleh

Fue el primer reportero de guerra saharaui, dicen. Murió. Pero da nombre a la Escuela de Cine de los campamentos saharauis. Este proyecto de CEAS-Sáhara y del FiSahara, junto al Ministerio de Cultura de la República Árabe Saharaui Democrática, inició su andadura allá por el 2009, cuando empezó a construirse el edificio. Un año después ingresó en él la primera promoción de estudiantes, un total de 10 chicas y 6 chicos, una muestra de cómo la mujer saharaui, con la Unión Nacional de Mujeres Saharauis a la cabeza, lucha por su empoderamiento y por conseguir una igualdad real en la vida de los campamentos, paso a paso. Este año han finalizado sus estudios y, como proyecto de fin de carrera, han rodado la película “La patria dividida”, la cual fue proyectada en la X edición del Festival y recibió el segundo premio.

Escuela de Cine Abidín Kaid Saleh./JoséphineDouet

Escuela de Cine Abidín Kaid Saleh./JoséphineDouet

En esta película se tratan varios temas del conflicto saharaui, pues el protagonista es un saharaui que viaja desde los Territorios Ocupados por Marruecos, donde las fuerzas de ocupación violan sistemáticamente los derechos humanos de la población autóctona, hasta los campamentos de Tinduf. Ya existe, pues, la primera generación de cineastas de la RASD, una generación que luchará por su independencia, sus derechos y su dignidad. ¿El arma? Una cámara de cine, la palabra, la imagen, la música y la voz. Pronto comenzará también a estudiar una segunda promoción, pues ya se ha iniciado el proceso de selección para el que se han recibido 35 preinscripciones. Seguro que son protagonistas de la próxima película. Y, por supuesto, rodarán sus trabajos en las costas de Dajla (antigua Villa Cisneros) o de El Aaiún. Un Aaiún libre, una Dajla libre. Libres de la ocupación, de la incapacidad de la comunidad internacional de administrar la justicia.

Nadir Bouhmouch

Marroquí. 23 años. Estudiante de cine en la Universidad de San Diego, Estados Unidos. Director de las películas “My Makhen and me” y “475 le film”. La primera de ellas ha sido proyectada en esta edición del FiSahara y ha sido galardonada con el tercer premio. Cachondo. Suele sonreír y ser irónico. Sin embargo, no ha podido contener las lágrimas en más de una ocasión durante su visita a los campamentos saharauis. Ha sido testigo de la atrocidad generada por el régimen de su país contra el pueblo saharaui, por el régimen alauí capitaneado por el monarca Mohamed VI. “Desde que nací he oído que el Sáhara formaba parte de Marruecos y que el Polisario era una banda terrorista, ahora sé que no y quiero que la población marroquí se entere de ello”, afirma.

En su país, su visita al Festival ha supuesto un jarro de agua fría para muchos. Los medios de comunicación oficiales u oficiosos, la mayoría, le acusan de haberse afiliado al Polisario, de estar comprado por el Polisario, de ser un terrorista como el Polisario, de haber traicionado a su patria. Antes del regreso de la expedición del Festival a España, filma en el aeropuerto de Tinduf. Está realizando un vídeo documental irónico, que pretende sacar a la luz y dejar en ridículo las mentiras que el régimen alauí vierte sobre el Sáhara Occidental, sobre el Polisario, sobre el muro… Hablará con sus compañeros del Movimiento 20 de Febrero, dará a conocer otra realidad entre la población marroquí. Es activista en Marruecos y en el Sáhara Occidental. Además, es surfero en California.

Nadir Bouhmouch impartiendo un taller./JoséphineDouet

Nadir Bouhmouch impartiendo un taller./JoséphineDouet

Dejo, pues, estos apuntes, para que los guionistas, qué cabrones los guionistas, los tengan en cuenta a la hora de continuar con el guión de la película. La película es aburrida, es un sopor, nada acontece, nada cambia de dirección. Sin embargo, se acumulan los personajes que piden seguir con sus vidas, romper el paréntesis, el Kit Kat. Si los guionistas de Rabat, de la Moncloa, de Génova, de Ferraz, de la Zarzuela, del Palacio del Elíseo, de la Casa Blanca, de la ONU, de Bruselas… son tan inútiles, cobardes y mezquinos como para continuar incapaces de escribir este guión, serán los propios saharauis los que terminen la película. Ya tienen los cineastas, ya tienen sus compañeros de viaje. Tienen la razón. Tienen el tiempo, mientras que los guionistas, qué cabrones los guionistas, sólo tienen el reloj para medirlo. Para contar las horas que pasan hasta que un día regrese la libertad.

Público asistente a esta edición del Fisahara./JoséphineDouet

Público asistente a esta edición del Fisahara./JoséphineDouet