Taksim en cualquier sitio

Taksim en cualquier sitio

Mucho se ha escrito acerca de las protestas en Estambul, las cuales se iniciaron con la ocupación del parque de Gezi por parte de activistas “verdes” el pasado 28 de mayo, opuestos al proyecto urbanístico que reforma la céntrica plaza de Taksim. Con el propósito de darle un significado o de conceptualizar las posteriores revueltas, extendidas a gran parte de Turquía, tras la desmesurada violencia utilizada por la policía varios marcos explicativos han surgido, como el de “Primavera turca” (en base a las revueltas y/o revoluciones que han tenido o continúan su curso en el área denominada como MENA, Medio Oriente y Norte de África), pero también han existido referencias a los “Indignados” del 15M en España, Aganaktismenoi en Grecia o el movimiento Occupy Wall Street en la ciudad estadounidense de Nueva York.[1]

No es menos cierto que las protestas en Turquía mantienen características comunes con dichos movimientos, sobre todo, los que se derivan de la creciente preocupación por los excesos de la reestructuración neoliberal, o en el caso concreto turco, del proceso de transformación urbana (o gentrificación) en el que la población de un sector de bajo poder adquisitivo es desplazada por otra de mayor nivel, como ocurre en estos momentos con el barrio de Tarlabaşı, cercano al núcleo de las protestas. Sin embargo, ninguno de los marcos anteriormente citados explican el por qué de este tipo de protestas a gran escala en un contexto de crecimiento económico estable (con un crecimiento medio del PIB de un 5% durante la última década) y con una reducción considerable del desempleo (con una tasa cercana al 10%). A su vez, tampoco nos ayuda a entender el por qué del mantenimiento de las clases medias acomodadas, cercanas al legado del fundador de la República en 1923, Mustafa Kemal, Atatürk, como principal motor de las protestas.

El amplio y diverso espectro político (comunistas, sindicalistas, kemalistas, marxistas, socialdemócratas, ultranacionalistas e incluso musulmanes anticapitalistas), minorías (kurdos y armenios), pero también de caracter confesional (alevíes)[2] de los manifestantes, los cuales se han unido frente al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), en el poder desde 2002 y denominado por algunos politólogos turcos como “(…) de raíces islámicas, liberal en la práctica, democrático en su actitud y en dirección a Occidente”. Pero en particular contra la arrogancia del premier Erdoğan, su modelo económico neoliberal (similar al implementado durante la “década Özal” y su partido de centro-derecha de la Madre Patria (ANAP) y la deriva conservadora del proyecto político del Gobierno dirigida fundamentalmente a las restricción de libertades individuales (única semejanza con las propuestas realizadas por anteriores partidos islamistas, todos ellos liderados por Necmettin Erbakan). A todo ello se une, en el intento de acaparar un mayor poder con la proclama de una Constitución de carácter presidencialista similar a la estadounidense o francesa, la misma que va tomando forma tras la vuelta del partido pro-kurdo del BDP a las Comisiones tras el comienzo del denominado como el “proceso de Imranli”.

Por un lado, asistimos a lo que ya se ha denominado como “deconstrucción” de la Primavera Árabe, ya que, el modelo que surgió con fuerza a seguir o imitar, el afamado “modelo turco”, como un caso sui generis dentro de los movimientos islamistas del mundo árabe e islámico, se habría venido abajo, si no lo había hecho ya con la política del Gobierno en el “atolladero” sirio.

No cabe ninguna duda que dichas protestas se han convertido en un lugar de convergencia inusual de identidades y perspectivas sin precedentes en la historia del país.

Pero, por otro, no cabe ninguna duda que dichas protestas se han convertido en un lugar de convergencia inusual de identidades y perspectivas sin precedentes en la historia del país de herencia otomana. Incluso se han erigido como el testimonio del derecho a la protesta y de hacer valer la Democracia en las calles, y no solo en las urnas, propagando la esperanza de extender esa sensación de inclusión que genere espacios abiertos a diferentes opiniones, en lugar de la incipiente polarización que siempre ha moldeado el sistema político en base a la lógica histórica que se repite en Turquía desde los sedentarios selyúcidas y los nómadas turcomanos: la confrontación entre la ciudad moderna, republicana, laica y occidentalizada  frente al ámbito rural tradicional, conservador y sufí.

 


[1] El pasado día 19 dieron comienzo una serie de asambleas en diversos parques de la ciudad de Estambul bajo el lema “todos los parques de Turquía se convertirán en el parque de Gezi” http://roarmag.org/2013/06/assemblies-emerging-in-turkey-a-lesson-in-democracy/

[2] Los alevíes son una comunidad religiosa heterodoxa que representa en torno al 20% de la población y predominante en zonas rurales de Turquía. Su culto proviene de las prácticas religiosas preislámicas de las tribus nómadas turcomanas de carácter chamánico y animista. Sin embargo, en comparación con otras comunidades musulmanas existen diferencias significativas en sus creencias, tradiciones y rituales, que la dotan de connotaciones seculares y humanistas.