Protesta en Brasil./Semilla Luz

Los políticos despistan y algunos grupos se radicalizan en Brasil

A pesar de haberse despertado el pueblo brasileño y conquistado victorias en reivindicaciones puntuales, las promesas de cambio son ejecutadas con lentitud o empiezan a quedarse en el olvido dentro de las carpetas oficiales. La mayoría de los ciudadanos ha dejado las calles, pero algunos grupos siguen con las protestas y, en algunos casos, los más radicales ganan espacio y hasta respeto entre los demás.

“El sistema entrega la mano para salvar el brazo. Para cambiarlo todavía va a demorar mucho”. Esas palabras son dichas por el personaje Capitán Nascimento, el protagonista de la película brasileña de gran éxito Tropa de Élite 2, mientras las imágenes sobrevuelan el Congreso Nacional en Brasília, capital del país. Si en el primer film el capitán del BOPE, división especial de la policía de Río de Janeiro, se acerca al fascismo al combatir el tráfico de drogas en las favelas, en esta segunda el ex policía entiende que el gran problema no son aquellos jóvenes sin perspectivas de vida, sino que la clave está en el stablishment que gobierna el país, formado por criminales disfrazados en trajes con corbata.

Aunque la clase política se haya movilizado en un primer momento después de la grandes manifestaciones de la semana del 17 de junio, que llevó a más 1 millón de personas a las calles en todo el país y se mantuvo fuerte día tras día, la misma percepción del Capitán Nascimento ha crecido bastante entre la sociedad brasileña. Ni la cancelación del aumento de las tasas del transporte público, motivación central de las protestas, fue suficiente para salvar los gobernantes.

La presidente Dilma Roussef, del PT, ha visto su popularidad caer de un 65% para un 36% pese a su discurso en red nacional de televisión en el auge del levantamiento popular – un intento de mostrarse al lado de los manifestantes y de la democracia, pero con palabras vacías y propuestas que empezaron a ser trabadas segundos después del slogan propagandístico que cerraba su aparición: “Brasil, país rico es país sin pobreza”. Los publicistas, muy graciosos.

La principal idea presentada en el pronunciamiento fue la convocación de elecciones para una asamblea constitucional. El pueblo elegiría nuevos políticos que tendrían poder para cambiar la Carta Magna con artículos y leyes que permitirían mayor participación popular en las decisiones públicas. No obstante, abogados y juristas luego se levantaron en contra declarando la imposibilidad de llevar el plan a cabo justamente por ser inconstitucional. De ahí se quedó la promesa de realización de un plebiscito que le pregunte al pueblo sobre las principales cuestiones de una reforma política, como voto abierto o en lista, entre otros puntos clásicos de sistemas políticos alrededor del mundo.

Corrupción política

Los gobernadores Geraldo Alckmin, de Sao Paulo, y Sergio Cabral, de Río de Janeiro, también perdieron gran parte del apoyo que tenían y lo siguen perdiendo. Hace unas semanas la prensa internacional denunció la existencia de un gran esquema de corrupción en las obras del metro de Sao Paulo. El escándalo tiene como protagonistas representantes del partido de Alckmin, el PSDB, el mismo del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, y la multinacional francesa Alstom. Según las informaciones, entre 1998 y 2001, la empresa pagó 6,8 millones de dólares para miembros del partido que hacían parte del gobierno estatal a cambio de un contrato de 45 millones de dólares para llevar a cabo la construcción de nuevas estaciones de metro. El yerno de Cardoso está entre los acusados.

Sergio Cabral tampoco está disfrutando mucho de las bellas playas de Río de Janeiro. Desde hace semanas un razonable grupo de personas montó una campada en frente de su casa en uno de los barrios más nobles de la ciudad. En su espalda el peso de las pruebas de que se utilizaba del helicóptero del gobierno diariamente para moverse de su casa al trabajo y que también lo reservaba los fines de semana para llevar la familia a su paraíso personal en Mangaratiba, ciudad de bellas playas y mansiones a 85 quilómetros de distancia de Río de Janeiro.

Pero, más allá de eso, los cariocas se quejan de la “política de pacificación” de las favelas que puso en marcha un programa mal ejecutado que en realidad promueve más violencia policial en contra de las personas que viven en estas comunidades. Se puede decir que la peor pesadilla de Cabral hoy es el obrero Amarildo de Souza, que vivía en la favela Rocinha y desapareció después de entrar en un coche de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP). Nunca más ha sido visto. Los policías lo llevaron porque le confundieron con un traficante. La familia ya le da como muerto.

Otro tema polémico ha sido la concesión del nuevo Maracanã (estadio de fútbol) para que una empresa privada lo administre. Había tantos puntos oscuros y desconfianzas que Cabral tuvo que volver hacia atrás y puede que el grupo de empresarios que había ganado la concesión, aparentemente manipulada desde el inicio, tenga que devolverlo para la administración pública.

Grandes escándalos como estos que siguen saliendo a la luz y imágenes como la del presidente del Senado, Renan Calheiros, uno de los principales propósitos de la indignación popular, diciendo que trabajará con todas sus fuerzas para acabar con la corrupción causan revuelta en grupos que no creen en soluciones iniciadas por los políticos que están allí. La mayoría es pacifista y sigue con la idea que la hora de hacer algo será en las elecciones del año que viene, pero también ya empieza a destacarse grupos que entienden la violencia como la única manera de realmente llamar la atención y promover cambios sistemáticos.

Protesta en Brasil./Semilla Luz

Protesta en Brasil./Semilla Luz

En medio a las grandes protestas de junio, después de que el Movimiento Passe Livre se retirase para seguir luchando por su causa específica, la del transporte público gratis a largo plazo, quien más se destacó fue el Anonymous. Aunque no incentive la violencia física en sus comunicados, tampoco la condena. Al contrario de partidos o movimientos organizados con banderas, el Anonymous trabaja a través del anonimato e incentiva una actitud moralmente agresiva contra sus objetos. Ante el escenario actual de falta de creencia en representantes, perfecto para la percepción de muchos.

Para los moderados, un peligro, pues no se puede controlar el comportamiento de personas detrás de máscaras de Guy Fawkes y que admiran un personaje del cine que explota un edificio de Parlamento. Para los defensores del grupo, “cuando la injusticia se convierte en ley, la rebeldía se convierte en obligación”.

Ahora el “grupo” del momento es el Black Block, que en realidad no es un grupo, sino la denominación de un comportamiento de afinidad de algunos manifestantes. Novedad en Brasil, pero ya conocida en otros países, incluso en España, esta estrategia de protesta acepta cualquier participante mascarado dispuesto a pelear con la policía en el caso de que haya represión. Defienden el uso de la violencia como forma de protesta y atacan símbolos del sistema capitalista, como bancos o restaurantes del Mc Donald’s. Se definen como anarquistas y a veces se acercan más al nihilismo.

Estos movimientos que están ocurriendo en Brasil, y que probablemente resistirán y volverán a ganar fuerza cuando se acerque la Copa del Mundo de 2014, son parte de una indignación mundial sobre todo por parte de las nuevas generaciones contra un sistema de representatividad ineficiente y desigual económicamente. Pero en un contexto más sociológico que político o económico, el punto curioso es que hasta unos meses estos grupos o comportamiento de manifestación no tenían espacio y eran vistos como vándalos por 99% de la sociedad brasileña. Gracias a la actitud de la policía y los escándalos de corrupción, estos rebeldes que aceptan la violencia contra símbolos del status quo empiezan a tener voz.

El señor Joseph Blatter y el gobierno de Brasil despistan, como siempre hacen los dueños del poder, pero seguramente ya deben estar preocupados con lo que podrá suceder en las calles de las ciudades que recibirán el mundial.