La visita de Obama a África, ¿un tour oportunista?

La visita de Obama a África, ¿un tour oportunista?

Después de la visita del presidente chino, Xi Jinping, a África en marzo, ahora ha sido el turno de los Estados Unidos. Cuatro años después de la primera visita presidencial al continente, Barack Obama empezó a finales de julio un tour por Senegal, Sudafrica y Tanzania. Obama llegó al continente para remarcar el potencial de África como una socia comercial y de negocio para EE.UU.

La principal intención fue aumentar la implicación con África y ganar posiciones en el ránking de socios preferentes para los Estados africanos que, hoy por hoy, en la mayoría de los casos tienen a China como principal socio. En la visita, al presidente le acompañaron representantes del Banco de importaciones y exportaciones norteamericano, el Ex-Im Bank, y oficiales de la cámara de comercio del país. En las tres visitas estatales se establecieron reuniones con gobernantes, empresarios y con líderes comunitarios y de movimientos sociales.

Para EE.UU., Sudáfrica es un Estado estratégico para la entrada de la inversión privada norteamericana en el país, que, más allá de ser un Estado democráticamente estable posee la economía más diversificada de África Subsahariana. Sudáfrica es también una potencia emergente y una de las principales del continente. Su peso influyente en la Unión Africana (UA) crece, al igual que su presencia en la comunidad internacional como miembro de grupos como el IBSA (India, Brasil y Sud África) o de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), así como también por su rol clave en la seguridad regional y continental. La visita de Obama a Senegal y Tanzania también ha sido de interés estratégico para EE.UU., como socio principal de ayuda al desarrollo.

En la primera legislatura, África estuvo excluida de los intereses internacionales de la administración Obama, un hecho que China no desaprovechó y lideró grandes contratos y oportunidades de negocio por todo el continente. En los últimos sesenta años, ningún país había tenido tanto impacto en el ámbito social, político, infraestructural y económico como China desde el inicio del siglo XXI.

El primer tour fue en 2009 cuando el presidente realizó una visita relámpago, de un día y medio, a la capital de Ghana, Accra, donde hizo un discurso en el que, paradójicamente, anunció que: “África no está al margen de los asuntos mundiales”. Una decepción para los millones de africanos que esperaban que el primer presidente norteamericano negro y de padre africano iniciase un nuevo periodo de colaboración y desarrollo con el continente. Obama centró sus primeros cuatro años a poner fin a dos guerras inacabadas, Iraq y Afganistán, y a resolver la grave crisis financiera que azotaba al país, la peor desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado.

Ya antes de la visita al continente, Obama generaba grandes expectaciones entorno a su visita, teniendo en cuenta que sus dos antecesores en el cargo se posicionaron más y establecieron lazos con África con diferentes objetivos – económicos, políticos o de seguridad-. Bill Clinton visitó diez países africanos, mientras que George W. Bush visitó un total de once.

Durante la administración Clinton se produjo el mayor avance en términos comerciales con África. En mayo del año 2000, se promulgó una ley sobre uno de los mayores acuerdos comerciales entre el continente y EE.UU., la African Growth and Opportunity Act (AGOA), dirigida, en parte, a la promoción de las exportaciones estadounidenses al continente, y donde también se establecían reducciones en los aranceles para promover las importaciones, especialmente textiles, de 25 países africanos a los EE.UU.. No obstante, este “duty free” solo ha tenido impacto en los países ricos en recursos naturales como Nigeria, Sudáfrica o Gabón y se han beneficiado de las ventajas arancelarias de la exportación del petróleo. Una exportación que representaba más del 80% de las exportaciones y donde los productos textiles tan solo suponían el 10%.

De la ley, los productos agrícolas africanos, el principal sector del continente, no entraban causa de los subsidios y las políticas proteccionistas existentes para el sector agrícola dentro del mercado global liberal. Con Bush hijo en el gobierno, en el 2003 se desplegó un programa para combatir el VIH/Sida, y donde la administración estadounidense se comprometía a invertir quince mil millones de dólares en cinco años. Bush también fundó la Millenium Challenge Corporation, una agencia “neocon” de ayuda internacional que proveía ayuda al desarrollo condicionada a la buena gobernanza o a la reducción de la deuda externa.

Antes de la visita, la administración Obama nombró dos representantes especiales para el continente, una asistente para el secretario de estado en asuntos africanos, Linda Thomas-Greenfield, y un cargo destinado para la volátil zona de los Grandes Lagos, el ex-senador Russ Feingold. Además de los representantes, existe una especial atención a la seguridad y, especialmente a la evolución y expansión del llamado AFRICOM, una comandancia militar de acción rápida norteamericana en África, que ha aumentado en número de soldados y de equipamiento con la apertura de bases militares temporales y reforzando la única base permanente, la Lemmonier Camp, situada en Djibuti, en el África Oriental, y que es la sede de las operaciones de EE.UU. Con aviones no tripulados, los drones, en la región del Sahel.