La transición democrática de Fiji, un arma de doble filo

La transición democrática de Fiji, un arma de doble filo

Fiji, el país que más interés internacional despierta en la zona del Pacífico Sur, parece estar preparando una transición democrática. El país, que desde 2006 vive sumido en una dictadura militar, se decide ahora entre dos polos: el aislamiento internacional relativo en el que vive ahora, o el reingreso en los circuitos globales. Ni los expertos ni los actores internacionales se ponen de acuerdo a la hora de confiar o no en el proceso. Pero, pase lo que pase, tendrá consecuencias significativas.

Un paraíso terrenal que no lo es tanto para sus ciudadanos -la República de Fiji, Fiyi o Matanitu ko Viti en el idioma nacional- atraviesa un momento clave. Se está desmarcando de sus compañeros del Pacífico, y lo está haciendo bien. El Golpe de Estado que, en 2006, instauró una dictadura militar, le ha valido al país la suspensión de la Commonwealth y del Foro de Islas Pacíficas -PIF-, el más importante en la región del Pacífico Sur. Desde entonces, sus relaciones con la Unión Europea se han paralizado también. Pero parece no estar preocupado. Por lo menos, de momento. Fiji ostenta hoy la presidencia del G77 -una agrupación de países en vías de desarrollo coordinada por Naciones Unidas que aglutina ya a más de ciento treinta Estados- y goza de unas excelentes relaciones con China, Rusia o Emiratos Árabes Unidos -estas últimas, más incipientes-. También encuentra grandes apoyos en India. El país ha hecho una afrenta al mundo occidental con la que pretende demostrar que puede vivir de espaldas a él. Es más, según su dictador, el Comodoro Bainimarama, va a convertirse en “el nuevo Singapur del Pacífico”. Si bien es cierto que este Estado isleño juega un papel cada vez más importante en la política y la economía regional -y que ha conseguido aumentar exponencialmente su impacto más allá-, algunos datos demuestran lo contrario. De hecho, cuenta con unos altos niveles de corrupción política, con múltiples escándalos de abuso de poder, de violaciones de los Derechos Humanos; con unos índices cómicos de libertad de prensa y de libertad de expresión. La situación de los trabajadores fijianos -especialmente, en industrias cruciales para su PIB, como el cultivo de la caña de azúcar- es deplorable. También hay casos de explotación infantil, y muchos denuncian la situación de su población indígena. La mitad de sus habitantes vive en la pobreza.

Mercado de comida en Suba./Julia Álvarez

Mercado de comida en Suba./Julia Álvarez

Algunos gestos parecen contrastar con la cuestión nuclear de la política fijiana actual: la posible celebración de una transición democrática antes de septiembre de 2014.

A pesar de su dudosa situación interna, Fiji celebró hace dos meses la primera edición del PIDF, un foro propio creado para desmarcarse de la región tras ser expulsado del PIF. De un éxito difícil de evaluar, este evento pretende alcanzar una continuidad periódica. Gestos de autosuficiencia como éste parecen contrastar con la cuestión nuclear de la política fijiana actual: la posible celebración de una transición democrática antes de septiembre de 2014. Han sido muchas las ocasiones en las que el país Pacífico parecía aceptar la sugerencia de múltiples actores internacionales de llevar a cabo un profundo cambio político. Uno que, entre otras cosas, supone la precondición para ser readmitido en la Commonwealth. Pero parece que ahora la cosa va en serio. El pasado 22 de agosto se hizo pública una nueva una Carta Magna, la cuarta redactada en la Historia del país desde que lograra su independencia en 1970 y la primera en presentarse en sus tres idiomas oficiales -inglés, hindi e i-taukei o fijiano-, que ha sido interpretada por algunos como el primer paso hacia la democratización. Tras la publicación de este documento, no obstante, ha habido tal controversia -tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales- que todavía no está claro si ayudará, en efecto, a la celebración de las elecciones prometidas para 2014, o si todo el proceso se verá entorpecido por la discusión de sus detalles; no por ello nimios.

Algunos de los aspectos que han generado más polémica son las cláusulas de la Constitución que establecen plena inmunidad no sólo a los militares golpistas sino a todos -todos- los funcionarios del Estado.

Algunos de los aspectos que han generado más polémica son las cláusulas de la Constitución que establecen plena inmunidad no sólo a los militares golpistas sino a todos -todos- los funcionarios del Estado de Fiji. En respuesta, algunos gobiernos internacionales con gran peso en la región, como Nueva Zelanda o Australia, han dado la bienvenida a la publicación del texto, sin criticar abiertamente el contenido del mismo. Por su parte, los cuatro partidos políticos ya inscritos para las próximas elecciones de 2014 dudan ahora si participar o no en el cambio político: si presentarse o no a unas elecciones en las que, además, el Comodoro Bainimarama también participará con un nuevo partido. La falta de consenso, junto con el hecho de que es posible modificar la Constitución durante el plazo de un año, parece indicar que el texto sufrirá cambios antes de que se celebren las esperadas elecciones en septiembre de 2014.

La política interior del país podría, en definitiva, ser su peor enemigo; y cualquier viraje en el supuesto proceso de democratización en curso podría tener consecuencias más allá de lo regional. Al fin y al cabo, Fiji constituye un núcleo de gran importancia estratégica donde -si sirve como referencia- la Unión Europea cuenta con una delegación sólo superada por Australia: más potente que la de Nueva Zelanda y, desde luego, que la de ningún otro país del Pacífico. La voz de Fiji tiene gran relevancia a escala internacional y -dictadura o no- seguirá constituyendo un enclave estratégico, de gran importancia geopolítica.

Una de las playas de Fiji./Julia Álvarez

Una de las playas de Fiji./Julia Álvarez