El pueblo brasileño se levanta y dice basta

El pueblo brasileño se levanta y dice basta

Tras años de paciencia ante la falta de respeto de la clase política y las malas condiciones de vida, los ciudadanos brasileños aprovechan un aumento de la tasa del transporte público para salir a las calles y luchar por sus derechos.

La fama equivocada de que el pueblo brasileño es demasiado conformista ha traicionado a los políticos del país. Esta mentira ha sido repetida más de mil veces hasta que la propia gente de Brasil se la creyera. En las protestas del pasado lunes 17,  que tuvieron lugar en 12 capitales, los manifestantes muchas veces cantaron “el pueblo se despertó” y también “el gigante se despertó”, éste en referencia a un anuncio de whisky en el que el Pão de Açucar (tradicional punto turístico de Río de Janeiro), se despertaba de un sueño profundo y se transformaba en un gigante de roca que salía caminando. La publicidad pedía “keep walking” al país que tiene hoy la sexta mayor economía del planeta.

Recorrido histórico

Sin embargo, quien afirme la falacia de la resignación generalizada en Brasil no conoce la historia del país. Durante el imperio, fueron docenas de rebeliones en diversas regiones – las más famosas, la Revolución Farroupilha, en Rio Grande del Sur, la Sabinada, en Bahia, y la Inconfidencia, en Minas Gerais. La república resultó ser proclamada en oficinas burguesas y militares en la madrugada, pero el posterior período conocido como República Vieja (de 1892 hasta 1930) tampoco fue muy tranquilo.

En 1925, el teniente comunista Luis Carlos Prestes lideró su Coluna Prestes en el intento de derribar al gobierno oligárquico que alternaba el poder entre los ricos productores de café de São Paulo y los también abastados productores de leche del estado de Minas Gerais. La revolución de 1930 terminó con esta política “Café con Leche” y puso en marcha los años complejos de Getulio Vargas, un presidente populista que besaba el fascismo europeo al mismo tiempo que creaba las raíces del desarrollo nacional.

En 1964, el golpe militar inició un tiempo de excepción en que grupos armados de izquierda lucharon durante años contra el gobierno hasta que, en 1984, naciera en el pueblo el movimiento pacífico llamado Diretas Já, que exigía elecciones directas para presidente en el año siguiente. El objetivo no fue alcanzado totalmente, pero a partir de 1985 el gobierno volvió a ser controlado por civiles, aunque este civil fuera José Sarney, un coronel del nordeste del país, que era del partido que apoyaba la dictadura y que sigue siendo senador influyente hasta hoy.

Hacer un recorrido por la historia del país es importante para no tener muy en cuenta la falsa idea de que el movimiento actual en Brasil, aunque sea histórico, fuese impensable.

Cuando finalmente pudo votar, el pueblo prefirió elegir presidente a Fernando Collor de Mello ante un Luis Inácio “Lula” da Silva que todavía rechazaba la corbata. Pero, después de escándalos de corrupción y desvíos de dinero público, este mismo pueblo, liderado por jóvenes estudiantes, no tuvo verguenza de ocupar las calles en 1992 hasta que Collor anunciase su renuncia poco antes del legislativo votar su impeachment.

Este recorrido por la historia es importante para no tener muy en cuenta la falsa idea de que el movimiento actual en Brasil, aunque sea histórico, fuese impensable. Es verdad que la generación de los jóvenes de ahora, que estaba prácticamente naciendo cuando sus padres “caras pintadas” luchaban por el impedimento de Collor de Mello, andaba muy callada ante los abusos de la clase política y sus relaciones oscuras con las grandes corporaciones nacionales y multinacionales.

En los años 90 fueron las privatizaciones sospechosas del presidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, del PSDB, entre las cuales se vendió a bancos y grandes empresarios la Vale do Rio Doce por solamente 3 mil millones – ya antes de la subasta la daban un valor de mercado calculado en más de 90 mil millones de reales. Hoy su valor es de 173 mil millones de reales y está entre las tres mineras más grandes del mundo.

En  la década pasada fue el Mensalão, escándalo de corrupción en el que el gobierno del presidente Lula pagaba comisiones a diputados y senadores de la oposición para que estos votasen en su favor. Los principales ministros fueron pillados, entre ellos José Dirceu, el hombre que planeaba sustituir Lula en las elecciones de 2010, y todos los altos dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT), una de las agrupaciones políticas de izquierda más importantes de Latinoamerica desde los años 80. Los “mensaleros” fueron juzgados y la mayoría condenados el año pasado, pero hasta hoy siguen paseando libremente por el país como cualquier trabajador honesto.

Entre estas polémicas más destacadas de uno u otro partido, los brasileños asistieron a incontables operaciones policiales que involucraban políticos y empresarios conocidos y los diputados votaron leyes que doblaban sus propios salarios. También vieron a un pastor evangélico homofóbo ser escogido para presidir la Comisión de Derechos Humanos, el senador Renan Calheiros volver a la presidencia del Congreso después de haber sido denunciado por su ex amante por recibir dinero de lobistas que pagaban la vida de su hijo fuera del matrimonio… Se podría escribir un libro de muchísimas páginas con todo lo que el pueblo ha aguantado pasivamente.

Lo que también se puede destacar es que el ex presidente Collor de Mello, aquel que fue impedido por corrupción, volvió a la política como senador por el estado de Alagoas, donde controla la principal cadena de televisión regional y periódicos. Lula, por cierto, lo recibió muy bien, aunque Collor le haya ofendido personalmente durante las elecciones que compitieron en 1989. De su parte, el ex presidente playboy se ha olvidado que el PT habçia trabajado fuertemente en el citado impeachment.

Todo este descaso de la clase política con la opinión pública ha hecho con que la gente de Brasil haya dejado de creer en sus representantes hace ya algún tiempo. Las últimas elecciones tuvieron récords de votos nulos o blancos.

Manifestación en la ciudad de Belo Horizonte. /María Objetiva

Manifestación en la ciudad de Belo Horizonte. /María Objetiva

El Mundial de Fútbol y el transporte público

En este saco que parece no tener fondo es importante apuntar la desilusión con la Copa del Mundo, que tendrá lugar el año que viene en el país. Cuando, en 2007, la FIFA anunció la decisión de llevar el torneo a Brasil, la promesa fue que esto incentivaría mejoras de infraestructura en las principales ciudades y que los estadios no recibirían inversión de dinero público. A lo largo del tiempo el juramento fue ignorado. Ni aeropuertos, ni las nuevas líneas de metro importantes para ayudar en la rutina diaria de los habitantes. Por otro lado, 33 mil millones en dinero público invertido, en gran parte, en los estadios, muchos de ellos elefantes blancos que no tendrán utilidad después del mundial.

Ante este escenario, los gobiernos municipales resolvieron aumentar el precio del transporte público en algunas ciudades, entre ellas São Paulo, la más grande del país, donde los autobuses están siempre llenos y el metro exige que uno tenga mucho amor por el prójimo para compartir el mismo metro cuadrado con buen humor. “Por qué no hacerlo, la gente de este país nunca se queja?”, debe de haber pensado el alcalde y los dueños de las empresas que tienen la concesión del transporte público de la metrópoli. Lo que no esperaban es que los 20 céntimos del aumento tuviese el mismo efecto que tuvo la plaza Taksim de Estambul, en Turquía.

Un movimiento llamado Passe Livre organizó protestas contra la tasa y los estudiantes empezaron a apoyar. Algo que empezó como una manifestación pequeña, una más, se convirtió en un levantamiento cuando la Policía Militar intentó contener las protestas con su habitual violencia contra los participantes. Esta es la misma policía que viene hace tiempo abusando de la fuerza contra los más pobres en la periferia de Sao Paulo, lo que sumado a la desigualdad social también contribuye en parte para casos de robos y asesinatos transmitidos diariamente por los canales de televisión.

Un movimiento llamado Passe Livre organizó protestas contra la tasa de transportes y los estudiantes empezaron a apoyar. Algo que empezó como una manifestación pequeña, una más, se convirtió en un levantamiento cuando la Policía Militar intentó contener las protestas con su habitual violencia contra los participantes.

Con todo esto en la cabeza e influenciados por el movimiento actual en Turquía, los paulistanos empezaron a reclamar más allá de los 20 céntimos del billete del autobús. Algunas pancartas llevaban mensajes como: “Lo siento por el trastorno. Estoy cambiando el país”, “No es por 20 céntimos, estúpido”. Mientras tanto, las cadenas de televisión ignoraban el tema o solo transmitían imágenes de manifestantes combatiendo la policía o tirando piedras a los edificios públicos. Quien estaba allí sabía que los estudiantes cometían estos actos solo después que la policía les atacaba con bombas, spray de pimienta y balas de borracha, pero las imágenes sugerían el contrario. Ninguna novedad, pues así actuaron las grandes cadenas también en Grecia, España o mismamente en Turquía ahora. El stablishment funciona igual en cualquier parte del mundo.

El momento clave fue en la cuarta manifestación, ocurrida el día 13 de Junio. Muchos estudiantes más se juntaron espontáneamente y la protesta llegó a tener 20 mil personas. De nuevo los mensajes trascendieron el aumento del transporte público. El gobernador, en el intento de asustar el movimiento, autorizó una acción más fuerte aún con policías disparando contra personas que ocupaban la calle gritando “sin violencia, sin violencia”. Para que la población también rechazase los manifestantes, el gobierno cerró las estaciones de metro por su cuenta, lo que perjudicó más las personas que salían de sus trabajos hacia sus casas. La prensa ya clasificaba aquellos estudiantes como “anarquistas que quieren el caos”, “rebeldes sin causa”, “pijos drogadictos”, “burguesitos revolucionarios”, hijos de papá y mamá sin nada que hacer”.

Sin embargo, los gobernantes todavía no han entendido muy bien los nuevos tiempos y se olvidaron que estos jóvenes están preparados para llevar sus puntos de vista a través de internet. Minutos después de las televisiones entrar en directo con imágenes de manifestantes corriendo y basuras quemando, ellos subieron sus vídeos y fotos al facebook, instagram y twitter.

Protestas ciudadanas. /Nauvouporquenao

Protestas ciudadanas. /Nauvouporquenao

En este momento empezó un caliente debate sobre lo que estaba ocurriendo. Algunos usuarios de la red empezaron de inmediato a defender los manifestantes y compartir los videos y fotos. Otros, más obstinados, se negaban a creer en lo que veían por internet y preferían demonizar la protesta porque habían tardado más de lo normal para llegar a casa y porque la TV Globo, la principal cadena de Brasil, mostraba todo lo contrario, incluso con argumentos de sus respetados comentaristas. La Folha de S. Paulo, el mayor periódico del país, que tiene, además de su website, un gran portal de internet, pasó a mostrar un poco más la verdad después que seis de sus periodistas fueron heridos por policiales. Una reportera recibió un disparo en el ojo y por suerte no ha perdido la visión.

No obstante, lo que realmente cambió la dirección natural fue el activismo y la solidaridad en las redes sociales. Los brasileños son conocidos por utilizar mal estas herramientas. Realmente la mayoría suele preferir hablar de temas superfluos o sacarse fotos guapas delante del espejo antes que opinar sobre política, economía, medio ambiente u otros temas que no son muy interesantes para ligar.  Pero las imágenes de violencia de la policía eran tan fuertes que los simpatizantes del movimiento no solo compartieron los vídeos como también respondieron a los que publicaban comentarios favorables a la acción policial. Como escribió un chico, “el facebook de repente se volvió interesante”.

La mayoría está desilusionada contra el propio sistema, que viene siguiendo una lógica de capitalismo salvaje junto con un asistencialismo que en muchos casos sirve prácticamente como compra de votos. La prensa internacional lo llama Capitalismo Social, pero los brasileños medios no lo observan con ese romanticismo.

Un día después de la protesta reprimida con violencia cobarde por la Policía Militar del Estado de São Paulo, comandada por el gobernador Geraldo Alckmin, del PSDB, el movimiento Passe Livre convocó una nueva manifestación para el lunes siguiente. La reivindicación principal continuó siendo el aumento del transporte público, iniciativa del alcalde Fernando Haddad, del PT. Esa revuelta contra representantes de los dos principales partidos del país también ayudó a captar más gente descontenta. La mayoría está desilusionada contra el propio sistema, que viene siguiendo una lógica de capitalismo salvaje junto con un asistencialismo que en muchos casos sirve prácticamente como compra de votos – la prensa internacional lo llama Capitalismo Social, pero los brasileños medios no lo observan con ese romanticismo. Sin embargo también se nota antipatías hacia uno u otro partido, lo que hace crecer el movimiento de una manera que deja dudas sobre su supervivencia y riesgos de manipulación política por ambos lados.

Toda esa rabia, descontento, desilusión y agotamiento de la paciencia fueron demostrados el pasado lunes 17, día en que las manifestaciones se juntaron por todo Brasil y reunieron el mayor número de personas. En Sao Paulo, los números oficiales hablan de 65 mil, pero quien estuvo allí garantiza que más de cien mil ciudadanos devolvieron la ciudad al pueblo. Esta vez la policía no intervino, solo asistió de lejos, y la marcha fue pacifica durante todo el trayecto. La rima más repetida fue: “qué coincidencia, sin policía no hay violencia”. El único caso de conflicto fue organizado por un pequeño grupo de aproximadamente 200 personas que intentaron invadir el Palacio de los Bandeirantes, sede del gobierno estatal.

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También el lunes, manifestantes invadieron el techo del Congreso Nacional en Brasilia, lo que generó imágenes bastante simbólicas para el movimiento que ya ganó status nacional. En Río de Janeiro, fueron 100 mil personas, según números oficiales. Igual que São Paulo, la marcha fue pacífica y solamente un grupo más radical entró en conflicto con la policía en la puerta de la Asamblea Legislativa. Apenas en Belo Horizonte, en Minas Gerais, los policías se excedieron y dispararon contra los manifestantes, según el comandante del batallón, sin órdenes. En el total, 250 mil personas salieron a la calle en 12 capitales.

Otras protestas ya están organizadas para los próximos días, incluso algunas que reivindicarán otros temas, como la caída de un Proyecto de Enmienda Constitucional (PEC 37) que prohíbe el Ministério Público investigar crímenes. Si se aprueba la votación que tendrá lugar todavía en junio, solamente la policía federal podrá investigar crímenes de corrupción o desvío del erario, por ejemplo. Coincidencia o no, el mismo Ministerio Público ha solicitado el bloqueo de bienes del ex presidente Lula para investigar irregularidades durante su gobierno.

Futuro del levantamiento brasileño

Todavía es muy difícil pronosticar lo que todo esto significará para el futuro de Brasil. Lo que parece claro es que la juventud que se levantó y logró conquistar la simpatía de gran parte de la población en pocos días no va a desistir sin llevarse alguna victoria. El movimiento Passe Livre pide la cancelación inmediata del aumento del transporte público y exige negociaciones para implantar en el futuo un sistema gratis de transporte. Por lo menos en relación al aumento del precio, el alcalde Fernando Haddad ya ha señalado ceder. En Río de Janeiro, el alcalde Eduardo Paes también ya ha declarado estar abierto para negociar. Hace pocos días rechazaban cualquier posibilidad.

El movimiento Passe Livre pide la cancelación inmediata del aumento del transporte público y exige negociaciones para implantar en el futuro un sistema gratis de transporte.

El análisis más importante, sin embargo, es lo que sucederá después que el Gobierno se rinda en este punto. Los periodistas repiten que el Estado está buscando diálogo con los líderes del movimiento, pero no hay líderes. La gente se ha indignado y está saliendo a las calles de manera espontánea. Hasta los representantes del Passe Livre evitan destacarse demasiado porque la propuesta es que cada uno tenga informaciones para formar sus propias opiniones. Los militantes de partidos que intentan participar de la línea de frente de las marchas son rápidamente abucheados. Banderas de partidos tampoco son bien aceptadas. Una encuesta del DataFolha indicó que 84% de los manifestantes no tienen partido declarado.

La Copa del Mundo permanece como telón de fondo en las protestas./ María Objetiva

La Copa del Mundo permanece como telón de fondo en las protestas./ María Objetiva

La cuestión es que el billete que costaba R$ 3 y pasó a costar R$ 3,20 ya es apenas uno de los problemas, así como la PEC 37. La gente reclama el bajo salario mínimo de R$ 678,00, el sistema de salud que deja sus padres enfermos en colas enormes en hospitales sin equipamientos, la falta de seguridad en las grandes ciudades, los precios altos de los productos que en Brasil tienen impuestos que les encarecen mucho, los atascos que les toman horas del día, el transporte público de mala calidad y, por supuesto, la falta de respeto de los políticos hacia el pueblo.

Piden una real democracia en la que puedan participar efectivamente de las decisiones. Han entendido que el voto, de forma aislada, nos les da el poder para elegir el camino de su propio país o ciudad, ni mismo de sus barrios. Declaran disposición para luchar hasta el final y la están probando a cada día. Hasta quien rechazaba la idea de salir a la calle, después de la gran marcha del día 17, se agregó a la multitud. Padres conservadores ya empiezan a apoyar la participación de sus hijos.

El aire de primavera que respira el mundo ha llegado a Brasil y no se sabe aún hasta cuando “contaminará” a los brasileños. El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, ha dicho que la emoción del fútbol superará el espíritu rebelde del pueblo, pero tampoco la selección canarinha está entusiasmando. El equipo no viene jugando bien hace tiempo y la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) está presidida por José Maria Marin, un personaje simbólico de la dictadura militar que tuvo participación indirecta en la muerte de uno de los mártires del período, el periodista Vladmir Herzog.

Puede que, tras la probable victoria en relación al precio del transporte, el movimiento pierda la dirección y no sepa sobrevivir. Puede que la ansiedad lleve algunos manifestantes a cometer más actos violentos, lo que perdería la belleza del pacifismo percibida en la mayor parte de las protestas y justificaría una represión policial ante los ojos de mucha gente. Puede que la FIFA controle el país con carta blanca del gobierno durante un més en 2014 o que demoren cien años más para que los brasileños tengan salud, educación, seguridad y transporte de calidad. Aún así, vale la pena quedarse con la frase del fallecido cantautor brasileño Chico Science en su canción Passeio no Mundo Livre: “un paso adelante y ya no estás en el mismo lugar”.

Actualización (00:50 del día 20 de Junio)

Los gobiernos de Sao Paulo y Río de Janeiro acaban de anunciar la cancelación del aumento del transporte público en ambas ciudades.

Algunos manifestantes ya salieron a las calles para celebrar la victoria. En las redes sociales, los participantes del movimiento prometen seguir adelante con nuevas reivindicaciones. Como hay descontento con varios temas, habrá que esperar un poco más para saber cual pasará a ser la reivindicación central, pues todos están de acuerdo sobre la necesidad de concentrar esfuerzos en un problema de cada vez.

La reclamación más probable es hacer los diputados desistir de votar la PEC 37, que quita el poder de investigación del Ministerio Público y lo deja todo a cargo de las policías, que son controladas por los políticos del Poder Ejecutivo.